21/04/2020 | Ahora Malvinas | Opinión

Una medida que en términos reales no significa nada

La decisión de la planta política cordobesa de reducir sus haberes no tiene un impacto profundo en las cuentas públicas. Sin embargo, el gesto es imprescindible ante el mal humor social.

Por Cristian Ugua, redactor

 

 

Este lunes, luego de haber sido cocinado durante todo el fin de semana por los más cercanos al poder en El Panal, el Gobernador sorprendió con el anuncio de una reducción de su sueldo en un 45 por ciento por cuatro meses, determinación a la que más tarde se sumaron los representantes del Poder Legislativo.

La disposición lleva los ingresos del mandatario cordobés de poco más de 260 mil pesos brutos a unos 102 mil pesos de bolsillo por su cargo. Esto implica, además, un ahorro cuatrimestral de 84 millones de pesos para la provincia, si es que se tienen en cuenta también las rebajas en los sueldos de los demás funcionarios y legisladores.

Cabe destacar que no pasó mucho tiempo desde aquellos días en los que las calles del centro de Córdoba sonaban al ritmo de cacerolazos en pedido de un gesto político de buena fe ante la crisis sanitaria. Sin embargo, también es cierto que Schiaretti no es pionero en tomar la decisión, ya que sus pares de San Juan, Corrientes, Mendoza, La Rioja, Misiones, Entre Ríos, Salta y Jujuy también habían reducido su salario, aunque con diferencias en el porcentaje.

La novedad no implica un aporte importante que vaya a subsanar las cuentas públicas, que registran actualmente un rojo profundo. Es decir, lo ahorrado no servirá para que Córdoba resuelva por sí misma sus problemas fiscales.

Más allá de eso, la medida era fundamental para intentar aliviar el descontento social a más de un mes de haber iniciado el aislamiento social, preventivo y obligatorio normativizado por Nación. Pues es de resaltar que la economía particular de cada hogar pasa por un momento delicado y la ayuda social no llega aún a compensar el total de las pérdidas.

En lo que refiere al Gobierno de Fernández, por su parte, ni las presiones de Juntos por el Cambio ni los cacerolazos en Capital Federal parecen motivar a la dirigencia a imitar a los gobernadores. Es más, la Casa Rosada rechazó dicha posibilidad.

En definitiva, este gesto, que no soluciona nada en las arcas públicas, es meramente simbólico. Se trata de una clase política que envía el mensaje a la ciudadanía de que el esfuerzo no es solo de su parte.

Si la empatía es o no auténtica, será otra discusión.

 

 

 

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