30/12/2019 | Ahora Malvinas | Opinión

La otra cara del desastre

Las inundaciones dejaron una triste postal en la ciudad. Sin embargo, las buenas acciones de los vecinos intentaron amortiguar el impacto emocional de quienes lo perdieron todo.

Por Cristian Ugua, Jefe de Redacción

 

 

En cada crisis, como lo puede ser la desatada por un desastre climático, los hombres y mujeres hemos de tener la costumbre de comenzar por el lugar equivocado. Resulta que intentamos establecer culpabilidades mucho antes que aceptar el problema y buscar con el otro una solución.

En el medio de ese dilema, uno de los más complejos y contradictorios, existe otra cara. Se trata de una cara menos visible, pero que prolifera en medio del peor momento con el afán de aflorar lo humano, eso que nos atraviesa y que nos distingue, que nos hace únicos. Es la solidaridad hecha carne, instantánea, la que permite amortiguar las emociones truncas ante el estado del shock por haber tenido que dejarlo todo para resguardar la vida.

Quienes tuvieron que enfrentar el avance del agua en sus hogares en las diferentes zonas de la ciudad tenían claro que debían privilegiar su vida y la de sus seres queridos antes que lo material. Ello adquiere una especial relevancia en esta época del año, donde el espíritu de la familia y la amistad se multiplican en cada rincón de la sociedad.

Estas horas hemos visto trabajo en equipo, donaciones, favores desinteresados y la incansable labor de los miembros de las fuerzas de seguridad. Todo ello constituye ese todo especial que le dan al cierre del 2019 un motivo para poder mirar hacia adelante y apostar por un sueño compartido.

Es este fin de ciclo el que abre las puertas a una instrospección que nos permita comprender que la salida de cualquier situación complicada, por mucho irreversible que parezca, está en el otro: un amigo, un familiar, un vecino o alguien con quien compartimos el mismo dolor o la misma necesidad. Es esta otra persona, individual o colectiva, la que nos debe servir de pilar para poder sostenernos y no caer.

No se trata, por lo tanto, de una mirada puesta en rivalidades relacionadas con cuestiones políticas o metodológicas. Se trata, más bien, de utilizar nuestro costado más humano para recordarnos a nosotros mismos que no sólo somos un montón de ideas. También somos corazón.

 

 

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