25/04/2019 | Ahora Malvinas | Opinión

¿Por qué perdió el radicalismo?

Los resultados de la elección del 14 de abril en Malvinas Argentinas tienen más de una sola interpretación. El centenario partido compitió por la alianza Cambiemos, pero las razones de la derrota podrían pertenecerle sólo a él.

Por Cristian Ugua, jefe de redacción.

 

 

Las elecciones del pasado 14 de abril en Malvinas Argentinas dejaron abierta la puerta para las miles de incógnitas que no encuentran, aún hoy, una respuesta concreta.

Ni el oficialismo, ni la misma oposición, se imaginaban un resultado como el de aquella noche. Durante la jornada, el ambiente estuvo dominado por un clima de hermetismo que con el pasar de las horas se comenzaba a notar en los rostros de los integrantes de las distintas fuerzas. Sin embargo, los comicios habían estado precedidos por una semana en que la polarización entre Silvina González y Gastón Mazzalay era más que evidente. 

Los menos optimistas auguraban un triunfo de la candidata de la alianza Cambiemos por dos o tres puntos. Los más acérrimos hablaban, en tanto, de una diferencia de hasta 20 puntos. La sorpresa llegó pasadas las ocho de la noche, cuando la tendencia parecía irreversible. Fueron más de 300 votos que marcaron el triunfo de Unión por Córdoba y dejaron atrás el sueño radical de gobernar durante cuatro años más.

Aquí es preciso hablar de una derrota radical. Pero, ¿por qué?

Desde que Daniel Arzani abandonó el Ejecutivo en busca de un salto político que lo coloque en la escalada provincial, el centenario partido dio varios pasos en falso. Muy lejos quedó ese 87 por ciento de apoyo conseguido en las elecciones de 2011 y muy lejos quedó, también, el ajustado triunfo de 2015, cuando el debate por la instalación de Monsanto copó la campaña y puso en duda la confianza en las nuevas caras que venían a defender el proyecto de la UCR.

Durante los primeros dos años, luego de la victoria ante otro Mazzalay, pudieron observarse algunos cambios importantes en la administración. Unas cuantas obras fueron suficiente para que el radicalismo demostrara que Silvina González, a quien se le había encargado el destino de Malvinas hasta el año 2019, tenía un estilo muy distinto al desarrollado por Arzani en su gestión.

A pesar de los esfuerzos por la instalación de Monsanto, multinacional que además de puestos de trabajo prometía obras de infraestructura para toda la localidad, González fue la encargada de estar al frente de la Municipalidad al momento del cierre de esa posibilidad que algunos interpretaban como de desarrollo y, otros, de peligro para el medio ambiente y la salud de los ciudadanos.

Aquellos pocos ladrillos que alcanzaron a colocarse en el predio que hoy pertenece a Bayer, fueron, por entonces, la mejor representación de las ilusiones de quienes estaban a favor de la radicación de la empresa y vieron trunco su apoyo pocos meses después de las elecciones de 2015. Esto significó no sólo un triunfo de los ambientalistas por sobre los desarrollistas, sino también una muestra de debilidad en un conflicto que supo captar la atención de medios nacionales e internacionales.

Pero esa es sólo una lectura minuciosa de todo el espectro. Hay explicaciones igual de importantes de la derrota que se vieron traducidas en las urnas semanas atrás y que encuentran su primer punto de inflexión a mediados de 2017.

Las elecciones en la Cooperativa de Agua de ese año dieron la nota. Si bien la entidad jugaba por fuera de la Municipalidad, el trabajo del "Chamamé" Tejeda estaba intrínsecamente ligado al que llevaba adelante el gabinete radical. El desgaste de su gestión llevó a Héctor Mazzalay, padre de Víctor Hugo (candidato a intendente en 2015) y tío de Gastón Mazzalay, a ganar la presidencia e instalar un cambio de aire que parecía necesario en la institución más importante de la ciudad.

El error no estuvo ahí, puesto que en democracia esos resultados pueden tener cabida tranquilamente. El paso en falso estuvo, en realidad, al año siguiente, en 2018, cuando los más cercanos al gobierno de turno decidieron no llevar un candidato propio que intente recuperar la línea perdida en la Asamblea anterior y la actual comisión ganó por un aplastante 84 por ciento del total de los sufragios de los socios. Claramente, esto dejó expuesto el desinterés oficial por tener poder allí, pero -más importante aún- transmitió un fuerte mensaje a la oposición, que entendió que si podía ganar por segunda vez en esos comicios, indudablemente tenía la posibilidad de ir por la intendencia.

Otro criterio que puede ser señalado como propulsor del resultado del 14 de abril es la conformación de la alianza Cambiemos entre la UCR y el Pro local. Esta fue utilizada por los aspirantes al máximo cargo municipal para señalar que la ineficiencia de las medidas llevada a cabo por el gobierno nacional eran las ineficiencias de un espacio por el cual competía la actual intendenta. Si esta relación echó atrás o no a los indecisos que simpatizaban más con la lista radical -o a aquellos radicales duros enojados por el acuerdo- es muy difícil de determinar. Lo cierto es que el grueso de los electores desconocía que Silvina González iba por Cambiemos y pudo haberles sido indiferente el cambio de color en la boleta.

Es este último punto el que habilita a afirmar que la derrota de ese domingo fue una derrota radical. Según indicaban dos encuestas, hasta mediados de febrero el radicalismo era imbatible en las urnas. El gobierno decidió quedarse con esa foto y lanzar la campaña tan sólo un mes antes de la elección, subestimando los plazos y a un candidato opositor que contaba con el apoyo financiero de toda la estructura peronista provincial.

Siempre será importante apuntar que los malvinenses forjaron su destino en elecciones libres y democráticas. Será a partir del 10 de diciembre, en tanto, cuando la Municipalidad cambie de signo político y la Unión Cívica Radical tenga por delante cuatro años para desplegar un papel como oposición que le permita legitimar lo construido durante los últimos mandatos e intentar recuperar el poder en 2023. Para entonces, Gastón Mazzalay va a haber dado cuenta de su gestión y se permitirá poner en juego sus propios logros y, quizás, ir por un nuevo mandato.

 

 

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